El valle de Tena guarda un patrimonio invisible tan rico y bello como sus montañas. Historias de leyenda contadas de padres a hijos de las que aún hoy en día pueden visitarse sus ruinas y construcciones. Hoy os proponemos una «ruta de leyenda» para que disfrutéis con vuestra moto del Patrimonio Invisible del Valle de Tena.

ERMITA DE SANTA ELENA

Empezamos nuestro recorrido en el acceso de la Ermita de Santa Elena. Podréis aparcar vuestra moto en el llano, cerca del cartel de señalización, y únicamente tenéis que andar 10 minutos hasta llegar a todo el complejo: Ermita y el Fuerte de la época de Felipe II.

Ermita de Santa Elena

Ermita de Santa Elena

En primer lugar, os contamos la leyenda de la santa, motivo que originó la construcción de la ermita que lleva su nombre en el siglo XVIII. Elena era una emperatriz que decidió convertirse al cristianismo. Tenía un hijo, el emperador Constantino I. Y los romanos no querían que este hombre renunciara a los dioses romanos influenciado por su madre. Así que la persiguieron y ella huyó a los pirineos. Al llegar a las puertas del valle de Tena, unos campesinos le señalaron una cueva en la que pudiera esconderse. Allí pasó la noche, Sin embargo, la emperatriz no estaba ecuyos dioses Cuentan que la Emperatriz Elena era perseguida por su condición de cristiana. Los romanos temían la influencia que ésta pudiese ejercer sobre su hijo, el Emperador Constantino I y que renunciase a los dioses romanos. Elena cruzó los Pirineos huyendo de quienes la perseguían, y así se topó con unos labradores que le indicaron que se refugiara en una cueva que había un poco más arriba. Allí llego la emperatriz a pasar la noche, y mientras dormía, una araña tejió ágilmente una tela que cubrió toda la entrada. Cuando los romanos llegaron hasta el lugar, y se encontraron semejante tela de araña, pensaron que ahí hacía muchísimo tiempo que no entraba nadie, así que siguieron su búsqueda montaña arriba y Elena se salvó.

¡No volváis a vuestra moto sin visitar el dólmen prehistórico que se encuentra al lado de donde habéis aparcado!

LA CELINA

Arrancamos motores y nos dirigimos al pueblo de El Pueyo de Jaca. ¡Consejo! No sigáis la ruta más rápida, perderos por la carretera de Hoz de Jaca y descubriréis las mejores vistas del valle de Tena (y la Tirolina Doble más alta y larga de Europa).

Cuando lleguéis a esta bella localidad pirenaica, veréis que hay carteles que os llevan al Albergue Vista Alegre, un precioso edificio que es en realidad el palacete de la Viñaza, el siguiente escenario de nuestra ruta.

Y es que cuenta la leyenda que a mediados del siglo XIX, una niñera llamada Celina se encontraba al cargo de los dos hijos gemelos de los marqueses. Celina era una linda institutriz que adoraba tocar el piano y disfrutar de su pieza favorita: Pavana para una infanta difunta, de Ravel.

Albergue Quinta Vista Alegre

Albergue Quinta Vista Alegre

Un día salió a pasear con los niños por las orillas del río Caldearés, y se sentó a descansar debajo de un árbol a leer un libro. No se dio cuenta de que el carro con los gemelos empezó a moverse hacia al río hasta que cayó con los pequeños dentro. Ella, desesperada, se tiró a rescatarlos pero nada pudo hacer por la vida de los pequeños,… Ni por la suya propia (hay quien cuenta que su intención real fue el suicidio al darse cuenta del triste desenlace).

Amigos moteros, os animamos a que aparquéis vuestra moto a las puertas del albergue, e incluso que entréis en el vestíbulo. A vuestra derecha podréis ver todavía el piano de Celina, que nadie ha vuelto a tocar. Además, dicen, que todas las noches del 1 de noviembre, se vuelve a oír una canción salir de este instrumento: Pavana para una infanta difunta.

CULIBILLAS

Sabemos que ya tenéis los pelos de punta. Pero reponeros que la siguiente historia es en otro lugar mágico del valle. Arrancamos nuestra moto y conducimos hasta Formigal. Aquí podréis disfrutar de otra bella vista del Valle de Tena: La Foratata, Sallent de Gállego y el pantano de Lanuza. Y desde aquí es donde tenéis que leer la leyenda.

Anayet y Arafita eran dos dioses pobres. Sin ganado, ni bosques, eran despreciados por el resto sin importarles: Tenían el tesoro más preciado, su hija Culibillas. La bella Culibillas amaba los animales y sobre todo a las hormigas blancas.

Sin embargo, el fuerte dios Balaitus se había enamorado perdidamente de ella y no iba a admitir ningún rechazo por su parte. Balaitus era el dios más grande y fuerte de todas las montañas, y decidió que raptaría a Culibillas para que fuera suya…. a cualquier precio.

Balaitus se presentó decidido a cumplir su temible propósito y la bella Culibillas, en un intento de solicitar ayuda gritó: «¡A mí las hormigas!» Y millones de pequeñas hormigas salieron de sus agujeros y empezaron a cubrir a Culibillas mientras Balaitus huía asustado.

La bella diosa, en agradecimiento a estas pequeñas, se clavó un puñal en el pecho para guardarlas a todas en su corazón. Y éste es, amigos, el forau (agujero) de la Peña Foratata. De hecho, aquellos montañeros que suben a él pueden escuchar claramente los latidos de su corazón.

Por otro lado, al fondo del valle, vigilante, os encontraréis al gran Balaitus, que observa en la distancia con miedo todavía a acercarse al lugar donde todo ocurrió.

¡Ah! Y si os preguntáis dónde están ahora esas hormigas… Es muy fácil: Todas las guarda ella….

 

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